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El Estigma social del amputado es quizás una de las mayores barreras a superar por una persona recién amputada. Es un estigma además paradójico, pues no resulta negativo ni condenatorio, como podrían ser otros estigmas sociales, el sida, la esquizofrenia, el trastorno bipolar, asociados a un rechazo o desconfianza por parte de la sociedad.

El amputado por lo general, desconcierta, genera un sentimiento de proteccionismo y lástima, un impulso todo sea dicho de paso, asociado a la ignorancia y el enorme desconocimiento del mundo del amputado por parte de la sociedad en la que vivimos. Pongamos un ejemplo clásico, una reunión de amigos, se conocen hace poco tiempo, uno de ellos, en un momento de la conversación dice “ Pues a mi me amputaron la pierna hace ya dos años” inmediatamente se crea un silencio, un duelo, un frío como si lo que acabara de decir estuviera ocurriendo en esos momentos. Habrá incluso alguno que diga “ Uhhh, Lo siento”

Fruto de esta reacción por parte de la sociedad, los amputados muchas veces esconden su condición de amputado por miedo a ese silencio o a la sensación de dar pena, o generar un clima negativo en un instante. ¿Qué hay de malo en decir que uno es amputado? ¿Se puede decir abiertamente, como si uno fuera zurdo o diestro, o le gustara el rojo en vez del verde? ¿Qué tiene de raro ser un discapacitado amputado?

Las respuestas son más que evidentes, la sociedad no conoce el mundo del amputado y no se puede imaginar que con cualquier tipo de amputación, la vida sigue exactamente igual a lo que era antes, quizás con alguna que otra barrera, pero en esencia, exactamente igual.

¿Cómo luchar contra el estigma y no caer en el intento? Lo primero que hemos de hacer es recuperar el auto estima, después de una amputación, lo lógico es perder cierto grado de auto estima, y hacerse preguntas que poco a poco se van resolviendo, pero mientras se resuelven, este tiempo se traduce en pérdida del auto estima.

Preguntas como si seré capaz de hacer esto o lo otro, si me atreveré o no, son cuestiones que mellan en la auto confianza personal. Más adelante, si tenemos en cuenta que nuestro circulo social no es más amplio de 50 ó 100 personas, no es tan difícil explicarles a estas personas que vivir con una amputación no es tan extraordinario como se cree, y que lo de dar pena, no es ni eficaz ni rentable, lo que uno necesita es apoyo, comprensión y sobre todo normalidad.

En verano es muy de agradecer ir por la calle con pantalones cortos. Hay pocos amputados que lo hagan, pero los que lo hacen son muy conscientes de las miradas indiscretas de los que se va cruzando uno por la calle. Sin embargo, esa mirada, no es más que pura curiosidad, y probablemente ese momento se quede grabado en la memoria del transeúnte durante toda su vida, por que es muy extraordinario ver a alguien andar con piernas de metal, sin embargo, cuantos más vea, más dejará de ser extraordinario y menos importancia le dará al asunto.

El estigma social en muy diferente de un país a otro, por ejemplo, los Estados Unidos, Alemania, Suecia, Islandia, Bélgica, Francia, no quiere decir que en estos países no haya estigma, pero desde luego está mucho menos acentuado. La pregunta es por qué, y la respuesta tendremos que preguntársela a los antropólogos y sociólogos, por que desde luego nosotros no tenemos la menor idea, sin embargo si que podemos contar por experiencia propia que no es lo mismo salir en pantalones cortos en unos países que en otros.

Una curiosidad que es importante resaltar, luchar contra el estigma social ayuda a superar personalmente el bache y ayuda a lograr una integración plena.